Ricardo Güiraldes 2: Un chico rico triste.

“Es el único caso en el mundo en que el personaje entierra a su autor”, habría dicho el gran poeta argentino Leopoldo Lugones. Mientras su libro se vendía y el gaucho Don Segundo era conocido por el público se consumía la vida de Ricardo Güiraldes. Final del itinerario de este Dandy argentino.

Snobismo y tristeza.

 

                                                                 Ricardo siente que su vida es errática, no solo en términos literarios, sino en lo personal. Pertenece a una clase aristocrática, es mal visto no ser profesional, además la intelectualización en demasía es de snob y haragán. Es un chico rico sin distinción, ni futuro. Dedica también su tiempo a corregir papeles y colaborar con las “primeras letras” de un muchacho pichón de escritor: un tal Roberto Godofredo Arlt.

                                                                   En estos años luego de pasear por Asia, las Antillas, vivir en París y veranear en Mallorca, tiene muy presente la vida del peón, los gauchos y el mundo rural, y en su memoria reciente está el viaje, no a París sino por Tucumán, Salta y Jujuy. Comienza a “escribir” en su cabeza una posible historia rural, de gauchos arreadores que vagan por la llanura pampeana.

Rosaura. Una nouvelle y siete cuentos, tiene el texto escrito en 1919, gobernaba el radical Hipólito Yrigoyen.

Rosaura

                                                   

Es durante los primeros años de 1920, que se reúne con jóvenes que muestran inquietudes literarias, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, y Evar Méndez entre los más representativos. Todos estos partícipes de la mentada generación literaria del 22´.

Era esta, una generación de artistas con voluntad renovadora, que se proponía infundirle al arte-en este caso las letras- una actitud vanguardista. Imponer lo nuevo que provenía del arte europeo. Aunque algunos pretendían que tuviese un color local. Es decir que dicha renovación, se asentara sobre raíces nacionales.

con la paisanada salteña

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                                                    En Salta se hace muy amigo de Juan Carlos Dávalos, y su mujer; allí conocerá a un personaje, Don Cruz Guíez, el famoso gaucho salteño matador de Tigres.“Adelina cuenta cómo los amigos se internan varios días en la selva, montando caballos de sangre peruana, muy preciados en el Norte, y dirigidos por don Cruz”.[1]. Las noches se prolongan con vino, y empanadas, guitarreadas y cantos.

Corre el mes de marzo del año 1926, encerrado en la estancia La Porteña, comenzará a darle forma a su libro, escribiendo en los viejos cuadernos con tapa dura y hojas divididas en columnas que dicen debe y haber. En aquellas hojas destinadas a la contabilidad de la estancia, nace su obra más significativa: Don Segundo Sombra. 

Tropeando Penas. Una milonga de arrieros, que le pesan más sus penas que los kilómetros andados, en su vagar por la pampa argentina.

Estoy hecho para irme…

 

Marcelo T. de Alvear. Presidente que representaba al sector elitista del Partido Radical. En esta ocasión en Mar del Plata, durante 1927.

 

                                                          reginapacinialvear    El 9 de marzo de 1927 parte a París, con delicada salud y se encontrará por última vez con Valery Larbaud uno de sus amigos parisinos. Reside en Edmond Valentín, un caserón con amplio frente, y ventanales. La misma en la actualidad lleva la placa conmemorativa. El doctor Martini, su médico personal le había prohibido viajar desde 1926 por estar disminuido físicamente, había perdido mucho peso. Esto sin tener una precisión sobre la enfermedad más que la inflamación de ganglios.

Como dice su personaje Don Segundo a Fabio Cáceres, en el final de la novela “estoy hecho para irme”, pareciera esbozar Ricardo Güiraldes en sus últimos días.

                                                       Morirá junto a su señora y amigos a las cuatro de la tarde del 8 de octubre de 1927. Su cuerpo reposará unos días en la iglesia de Saint Pierre du Gros Caillou, hasta ser trasladado a Buenos Aires. Sus restos serán recibidos el 15 de noviembre de 1927, por un séquito oficial encabezado nada menos que por el Presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear. Un tren salió escoltado por más de un centenar de gauchos que acompañaron los kilómetros que separaban Retiro de San Antonio de Areco.

                                                      Según el poeta Raúl Gonzalez Tuñon, en la estación del pueblo los arados estaban a media hasta.

 

Cita y Fuentes: 

[1] Burgelois I. Genio y Figura de Ricardo Güiraldes. Pág.103.

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