VALLES CALCHAQUÍES: LOS QUILMES EN PIE DE GUERRA

Un cuentero andaluz: Pedro Bohorquez

El personaje en cuestión nació cerca de Granada, y el año en que vió la luz está en discusión. Tampoco se conoce como este hombre tenía dotes de inventor de historia y eficaz estafador. En Andalucía se nombra a aquellos que mienten mucho como «cuentero». Pedro Bohorquez viajó de su región natal a Lima, y en unos meses hizo una gran recaudación inventando que viajaba a centro américa a una ciudad dorada. Lo detuvieron antes de que partiera y terminó en prisión. Cuando salió se fue rumbo al sur, a la actual Tucumán. Sabía hablar quechua, y entabló relaciones con los indios de los Valles Calchaquíes.

A partir de 1655 aproximadamente dice a los indios ser descendientes de los Incas, y a los españoles, pertenecer que realiza que está controlando a los indígenas, y es fiel al Rey y la Corona. En ese doble juego, anda Bohorquez. Tuvo prédica levantisca, y convenció a varios caciques, Pedro Pinguanta, llevó su discurso rebelde a los indios. También el andaluz interactuaba con la autoridades españolas en el Tucumán, solía decirles que estaba intentando gestar una jefatura para convencer a los indios que se entregaran. Este doble juego lo haría terminar preso y ejecutado en Lima.

«Muy poco puede hacerse contra estos indios insurgentes, son arte del demonio, estos Valles están todos los días en pie de guerra». Escribe un general realista al gobernador del Tucumán, Alonso de Mercado y Villacorta. En los Valles Calchaquíes, vivían los indios Diaguitas, Yocaviles, Tolombones y algunos Famatinas, provenientes de Catamarca y La Rioja se negaban a pagar tributo, y eran imposibles de capturar para encomendarlos (ponerlos al servicio para que trabajen para un español). Flechas de puntas filosas, untadas con algún veneno de orígen vegetal, el arco y la flecha, eran sus armas y no el acero. Para los Quilmes el «mar de arriba» era el cielo, y la palabra perdón no existía, decían «olvido». Un lenguaje simbólico, y una cultura politeísta. Eso fue borrado por los españoles como el polvo, que levanta el viento de los valles y se pierde en esa inmensidad.

La zona se encontró fuera de control colonial, y Diaguitas y Tolombones atacaban por sorpresa, a los soldados, con un profundo conocimiento de los Valles, las victorias de estos indigenas que formaron la familia de los llamados indios Quilmes, resultó humillante para la propia corona española. Los años se habían marcado a fuego por las victorias de los quilmeños.

La taba cayó distinta cuando el gobernador trajo soldados españoles, para masacrar a los indios, con la ayuda y el delato de caciques Tolombones. En 1661, Bohorquez se entera que existe una conspiración de los españoles para asesinarlo. Será el organizador de una violenta revuelta contra las misiones jesuíticas que serían expulsadas y todas sus chozas, y pertenencias quemadas por los Quilmes.

Ruina de los Indios Kilmes en Tucumán, donde los españoles eran vencidos.

Una sucesión de entradas del poder realista, fueron quebrando la resistencia de los pueblos Calchaquíes, hasta que en 1665 fueron ejecutados, y muchos tomados prisioneros. Los yocaviles fueron separados y vendidos como esclavos a familias, a la «gente decente» de La Rioja y Catamarca. Y para sacarlos de su geografía Diaguitas fueron sufrieron una travesía a pie, trasladándolos de los Valles hasta Buenos Aires. La campaña de sometimiento contra los indígenas la financió el Cabildo, con el objetivo de obtener mano de obra. Los pocos sobrevivientes fueron instalados en lo que se llamó la Reducción de la Santa Cruz, en 1666. Quedaron solamente unas 200 familias.

¿Una, dos, cuántas fundaciones?

Quilmes, era una región parte del antiguo Pago de la Magdalena. Hacia 1700, no había más que unas 300 personas, y comenzó a nombrarse como «solares de quilmes», (así dicho parece nombre de barrio cerrado).

No fue en 1666, ya que ese fue el año de asentamiento, fuentes cuentan que se formó una reducción, y el rito de fundación se realizó en 1669. Posteriormente, en 1812, el Triunvirato derogó, las Leyes de Indias, y estableció y confeccionó el documento que decía, «Declarase al pueblo de los Quilmes..»

Fue por 1821 durante el gobierno de Martín Rodríguez, que se dispuso la construcción de un fuerte en la región. . Y en 1824 dispuso legalmente como tenían que ser las calles y los caseríos de aquellos solares. El rosismo tuvo su impacto en la región, ahí están los nombres fieles a la Santa Federación, Juan Manuel Gaete, Manuel Gervasio López, jueces de paz, que imponían si era necesario la cuchilla de la mazorca.. Así en este segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, en 1839 repartía solares don Juan Eusebio Otamendi. Muerto Gaete, sufrió el rigor mazorquero Paulino Barreriro, su paso fugaz como juez de paz, se dió por su oposición al rosismo. Barreiro fue asesinado, y comenta el texto Quilmes de Antaño, que «la atmósfera de plomo, que deprimiéndola, oprimía la vida en todos los órdenes de su actividad» y luego agrega que durante «el ciclo de la tiranía», Quilmes vivía «como en una prolongada siesta, adormecido a la sombra del alero de su ranchería, heredada de los desterrados del Valle de Calchaquí». (López, J. Quilmes de Antaño. Pág.49)

Así daba los primeros pasos la historia de nuestra ciudad, y no está cerrada la de los Kilmes, que no enseñan, pero son parte de nuestras raíces.

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