Sarmiento (II): Derribando al hombre de bronce.

«Por ver grande a la Patria tu luchaste/ con la espada, la pluma y la palabra». (Himno a Sarmiento).

1. Aulas para la igualdad.

 

                                                                gobernador-sarmiento  No hace falta construir la estatua de mármol, eso lo hizo el escultor francés Auguste Rodine. El niño Sarmiento no fue nueve años consecutivos a la escuela, la instrucción pública se daba entre los seis y trece años. Sin embargo fue un convencido de la Educación Pública, convicción que consolida a finales de la década del 40´, tras realizar una serie de viajes por Europa, y Estados Unidos. Allí se convence que los yanquis antes de fundar una aldea, lo primer que hacen es talar un bosque y fundar una escuela. Pero, ¿Para qué es importante la universalidad, que accedan todos a la escuela?. Una educación común es necesaria para «que sin las odiosas distinciones de ricos y pobres, de amo y de siervos, de noble y plebeyo, adquieresen los conocimientos…» .1

                                                              Es decir a principios de 1850, antes de ser Presidente de la República rescata la educación como igualador social, para paliar las desigualdades entre ricos y pobres. Ya entendía que el acceso a la educación debía ser plural. Y termina diciendo, donde «ha habido educación popular (…) se han hecho las bases del gobierno democrático, y se ha formulado una sociedad de seres inteligentes…».2 Ergo, una buena educación gestaba una mejor sociedad, un pueblo más complejo, mejor preparado. Sus ideas ya estaban casi treinta años antes que sancionara la Ley de Educación Común 1420, en 1884.

 

2. un pueblo sin corazón.

 

Imágen de la Plaza principal de Chile, Plaza de las Armas, en 1870. Sarmiento vivió 10 años de exilio en tierras araucanas.

                                                         

plaza-de-armas-chile                                                                                                                                                                                                                 Exhiliado en Chile se transforma en un furioso antirosista, desarrolla su actividad como periodista y escribe en varios diarios como El Mercurio, El Nacional y funda, El Progreso.

Es un observador agudo de la sociedad chilena. Hipercrítico del egoísmo social en el que está inmerso el país trasandino. Se pregunta: «¿No existe el espíritu público en Chile?, ¿La caridad está muerta en los corazones?. Y dispara la siguiente inquisitoria, ¿El egoísmo predomina a tal grado, que no haya quien pueda jactarse (…) de las necesidades puramente materiales de la vida, comer, vestir, lucir. Una suma de cincuenta pesos, para socorrer al prójimo mejorando su situación de manera efectiva y duradera?.« En esos cuestionamientos demanda generosidad a los que mejor la pasan socialmente que se hacen incapaces de mirar a sus compatriotas. Condena la mezquindad que arroja a una mayoría del pueblo chileno a no saber ni leer, ni escribir, y «formar hijos de pobres, rotos y desvalidos». Más que interesante una visión de Sarmiento que en tiempos actuales sería encasillada dentro del pensamiento progresista.

                                     Tomando el pensamiento vivo del sanjuanino, inferimos que el individualismo, el salvarse ante una multitud que sucumbe no es viable para construir una Nación. ¿Qué sociedad están fomentando estos ganadores indiferentes de las penurias del resto?. Parece preguntarle a los chilenos en 1845.

 

Pianista oriundo de La Plata. Dedicado al Jazz, reversionó clásicos del tango y de Charly García. Aquí, en una particular ejecución del Himno a Sarmiento.

3. estancieros con olor a bosta.

 

                                                        Sabemos que Sarmiento, junto con Mitre y Avellaneda fueron parte de las presidencias liberales, (1862-1880) que promovieron la producción de materias primas, y desarrollaron el modelo agroexportador. Ahora, en su viaje a Estados Unidos en la década del 60´observa, «En Missouri para cien mil familias hay 54000 fincas, lo que muestra que la mitad de los habitantes poseen un pedazo de tierra». Continúa, como contraejemplo toma nuestro país y se pregunta, » ¿Cómo es que en Buenos Aires con tanta tierra hay tan pocas divisiones territoriales y tan pocas familias que poseen una?»4 Esto es fundamental, ya que está haciendo énfasis en el proceso de concentración de la tierra. Era necesario distribuir la tierra para que no haya grandes terratenientes, como sucedía en Norteamérica donde había innumerables minifundios. Entonces el boom de exportaciones que se produce hacia 1890, encuentra unos pocos grandes beneficiarios, que son los dueños de la tierra. Este proyecto es el que criticaba Sarmiento, y advertía entonces la tendencia al latifundio.

Su concepción era que no existía país desarrollado que avance concentrando la tierra. Grandes masas de tierra en pocas manos sólo podían verse en la rusa tártara.

                                                  Fue Domingo F. Sarmiento quien pujaba por lograr una pequeña colonia de agricultores en Chivilcoy, la idea era promover una gran cantidad de propietarios de tierras. El modelo es exitoso, aunque se topa con la negativa de extenderlo a otras zonas de la llanura. El Presidente de la Sociedad Rural Argentina hacia 1870, lo advierte del error de implantar colonias agrícolas en una zona ganadera.

Es el Presidente de la Nación quien monta en cólera, y afirma:

Nuestros hacendados no entienden jota del asunto, y prefieren hacerse un palacio en la Avenida Alvear que meterse en negocios que los llenarían de aflicciones. Quieren que el gobierno, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luros, a los Duggans, a los Cano y los Leloir y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas».5

                                          Lejos de amilanarse el cuyano que creía en la necesidad de implantar los ferrocarriles, mejorar las comunicaciones, e industrializar el país, para provocar una verdadero desarrollo termina con una frase fuerte acerca de la aristocracia terrateniente, «Sí, aristocracia con olor a bosta». 6

Un grupo de ideas claras, para revisarlas, no entrando en un museo, cómo una reliquia que nos dejó el tiempo, sino para reflexionar sobre los problemas actuales que hoy nos aquejan.

Citas:

1 y 2. Sarmiento D. Obras Completas. T.XII. Pág.110.

3. Sarmiento. D. Ob.Cit. Pág.31.

4. Sarmiento. D. Obras Completas. T. XXIII. Pág.218.

5 y 6. Pigna. F. Los Mitos de la Historia Argentina 2. Pág. 281.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *