PAGAR LA DEUDA COMO SEA II

 

                                 Siempre los esfuerzos los hacen los sectores mayoritarios, mientras unos privilegiados disfrutan de las mieses. Los políticos predican grandes sacrificios que ellos mismos ignoran, aunque propongan «hacerlo juntos». Todo es en beneficio de «la Patria», de un ideal máximo por el cual usted posterga su presente en pos de un futuro promisorio que lo espera dentro de un rato. A la vuelta de la esquina usted lector, o lectora recogerá sus frutos. Así no le tembló la voz al doctor y Presidente de la Nación, NICOLAS AVELLANEDA, cuando en un discurso de 1876, exhortó al pueblo con estas palabras, por la situación acuciante de la deuda pública:

«La República puede estar dividida hondamente en partidos internos pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre el hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros”.-

                                          Es claro, clarísimo. Para el señor Presidente con tal de no deshonrar al país y pagarle al capital foráneo, a los hombres de Inca-la-perra, como decía José Hernández en su obra MARTIN FIERRO; la mitad del país de aquel entonces pasará hambre y sed para responder a los compromisos del país. Demás está decir que niguno de sus familiares y amigos, ni él mismo pasaría hambre con tal de pagar la DEUDA EXTERNA. Como alguna vez dijo el pensador Arturo Jauretche, no llama la atención que AVELLANEDA haya dicho esto, sino que el concepto se repita con otras palabras, que tal vez vendrán nuevos «Avellanedas» a pedirnos sacrificios en nombre de la patria, y para quedar bien con el capital extranjero. Cuando escuche algo parecido, lo único que le pedimos de estas humildes líneas, que piense que aquel que lo dice seguro no pasará hambre y sed, como si nos tocará a nosotros.