Operativo Cóndor: De Rivero a Dardo Cabo.

«Ya bajo el terror de la dictadura militar instaurada por Videla-Massera-Agosti en la noche del 5 de enero de 1977 fue sacado de la cárcel (U-9 La Plata) junto a su compañero de organización Roberto “Palometa” Pirles, por miembros del servicio penitenciario bonaerense y fusilado cobardemente durante un supuesto “traslado” para evitar un “intento de fuga” .(www.resumenlatinoamericano.org.ar. Asesinato de Dardo Cabo por la última dictadura cívico-militar).

La fiereza de Rivero.

Un 3 de enero de 1833 el engreído capitán John James Onslow pisó Puerto Soledad, y a su antojo dominó hombres y territorio, ante la ausencia del gobernador de las islas Luis Vernet, que estaba en Buenos Aires; había sido nombrado por el gobierno argentino. Rápida fue la renuncia de su segundo, de apellido Pinedo. Onslow dejó a cargo al ingles Mathew Brisbane y al francés Jean Simón. Meses después Antonio Rivero junto a José María Luna, Manuel Gonzalez, Luciano Flores, y los hermanos Marcos y Godoy Latorre, y Juan Brassido, empezaron a matear en los fogones, y darse manija del maltrato de los capataces ingleses. Acostumbrados a los malos pagos, eran estaqueados por alimentarse del ganado cimarrón, y los vales para comprar mercadería servían algo menos que nada. Los gauchos que habían llegado con Vernet, fueron juntando bronca, armas y caballos.

El guacho entrerriano que se rebeló junto a un grupo de criollos e indios pobres en 1833, contra la Corona británica, que ya había usurpado las Islas Malvinas.

La bandera argentina había sido arriada, por la inglesa, que flameaba en el frío sur helado. La noche del 26 de agosto, Antonio «el gaucho» Rivero, junto a Luna y Brassido, clavaron una daga filosa en el cuello de Brisbane, y el de Simón. En aquella fría madrugada volvieron a izar la bandera azul y blanca, y arriaron la gringa. Por su puesto fueron apresados y juzgados de manera farsesca en Londres. Preso en Buenos Aires la vida de Rivero se perdió como su gesta de recuperación de la soberanía. Al mando de un tal Dardo Cabo, unos 130 años después, el Operativo Cóndor no lo olvidaría.

Un Retiro espiritual

Fue en una quinta de Ituzaingó perteneciente a UTA, lugar en el cual se reunieron un grupo de jóvenes, con la excusa de realizar un retiro espiritual y darse fuerza mutua, tomar coraje para el desafío que iban a enfrentar. Eran cristianos, nacionalistas y militantes peronistas. De un bolso verde, uno de ellos comienza a extraer, fotos de la isla, de rostros de personas con las que tendrían que lidiar, y aquellos que iban serían sus posibles rehenes. Corría el 25 de septiembre de 1966, y en aquel día nacía en el hospital de Vicente López, la hija de uno de los que hablaba todo el tiempo para convencer a sus compañeros, el obrero metalúrgico, Norberto Karasewic. La niña que llegaba al mundo desconocía que su padre formaría parte del comando que desviaría un avión en dirección a Malvinas, en un intento de reafirmación de la soberanía argentina sobre las islas. Una mujer sería uno de los cerebros de la operación.

La noche del 27 setembrino, pasaron por la Unión Obrera Metalúrgica de Vicente López, donde se encontraban, bolsos, y ropa. De allí salieron hacia Aeroparque Jorge Newbery.

El Sol del 28 viene asomando.

El Douglas DC4 LV-AGG de Aerolíneas Argentinas partió pasada la medianoche de Buenos Aires a Río Gallegos. Cuando los pasajeros dormían comenzó la operación armada, eran alrededor de las 6 de la mañana. Dardo Manuel Lito Cabo, y Alejandro Giovenco Romero tomaron el control del vuelo 648. Uno de los pilotos era parte de los condores. Primero, calmaron al comandante Fernández García, «Quedese tranquilo, vamos hacia las Islas Malvinas», le dijeron. Así el avión desvió en la Bahía de San Julián y se encaminó rumbo a las islas del Atlántico Sur. Aterrizaron 8.42 de la mañana, en un terreno tan peligroso como improvisado, en una pista de carrera de caballos. La Isla no tenía aeropuerto. Así se enterró una de las ruedas del avión, que jamás volvió a salir. Asomaba el sol del 28.

El 28 de Septiembre de 1966, el diario La Razón daba la noticia, del avión que había aterrizado en las Islas, y lo subtitulaba como «Gran Conmoción».

Varios valientes, un cura y un traidor.

Entre los 18 argentinos que osaron tomar el avión estaba la hija de un juez de la corte suprema de justicia, María Cristina Verrier, compañera de Dardo Cabo. Los condores, cambiaron el nombre de Puerto Stanley, por Puerto Rivero, en honor al valiente gaucho rebelde. Ya en tierra escribieron un texto que enfatizaba que no iban a agredir a nadie, y que consideraban a las Islas Malvinas, como parte del territorio argentino. En la gesta de plantar la bandera argentina, en las Islas, fueron descubierto por civiles y militares ingleses. Una de las banderas argentinas flameó en las islas durante 36 horas. Casualmente se encontraba viajando en aquel avión el Gobernador de las Islas Malvinas, Contralmirante de la Marina de Guerra, José María Guzmán. Increíblemente una autoridad del ejército argentino fue a la casa del Gobernador inglés, a tomar whisky, y asegurarle que iban a ser juzgados cuando pisaran suelo argentino.

Periodista y escritora de guiones de teatro. Mujer de 27 años y valiente, la única femenina del comando que aterrizó en Malvinas.

Resistiendo con los rehenes, a quienes le brindaron las mantas, y la comida del avión, fueron considerados facciosos, por la dictadura de Juan Carlos Onganía. Rodeado el DC-4, tuvieron que rendirse y culminaron en una parroquia de Puerto Stanley, alojados por el sacerdote católico Rodolfo Roel. Por supuesto se negaron a entregarle a los ingleses, aquellas banderas que flamearon en las Islas Malvinas Argentinas.

Lista de los integrantes del operativo: Norberto Karasiewicz, Alejandro Giovenco, Pedro Bernardini, Fernando Aguirre, Juan Bovo, Luis Caprara, Andres Castillo, Victor Chazarreta, Fernando Lisardo, Edelmiro Jesús Navarro, Ricardo Ahe, Aldo Ramírez, Dardo Lito Cabo, María Cristina Verrier, Juan Carlos Rodríguez, Edgardo Salcedo, Ramón Sánchez, Pedro Tursi.

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