EL PRIMER DESCAMISADO

                                               En las memorias del militar Tomás de Iriarte se cuenta que, a Manuel Dorrego se lo podía encontrar con un traje desalineado, tanto que cuando lo visitaban e intentaban saludarlo solía decir: «caballeros les aconsejo que no se acerquen mucho». Eran los inicios de la década del 20′, cuando Dorrego frecuentaba al pobrerío de Buenos Aires. Iriarte anota: «Esto era estudiado para captar a las multitudes al bajo pueblo, a los descamisados«. Testigo de estos asuntos resultaba también Carlos María de Alvear. En estos tiempos se hablaría de manipulación o demagogia, sin embargo las decisiones políticas en tiempos de gobierno dejan claro si Manuel estaba interesado por los desposeídos, por el llamado bajopueblo. 

Tras su fusilamiento en la campaña se entonaba un cielito que decía: «Cielito y Cielo nublado/Por la muerte de Dorrego./Enlutense las provincias,/Lloren cantando este cielo.».