EL PAPA QUE ABSOLVIÓ AL TANGO.

«Yo no sé si este amor es pecado que tiene castigo/, si es faltar a las leyes honradas del hombre y de Dios/.Sólo sé que me aturde la vida como un torbellino/, que me arrastra y me arrastra a tus brazos en ciega pasión». (Pecado, Francini-Pontier).

Bandoneón y violines sonaron interrumpiendo el silencio sepulcral del recinto, mientras detrás de unos gruesos lentes el Papa PÍO X, observaba como con vigor se entrecruzaban las piernas de una señorita, y el caballero no se quedaba atrás. La danza acusada de ribetes diabólicos estaba siendo auscultada por el sumo pontífice, en la sala del Vaticano.

Bailaba el bravo Casimiro Ain, junto a su esbelta mujer. El Tango, danza de los suburbios y arrabaleras fue acusado, por altas autoridades del obispado porteño, como música inmoral, que bailaban mujeres de mala vida, y hombres viciados por el pecado del alcohol y la carne. Así el Papa quiso ver con sus propios ojos de que se trataba aquella danza mefistofélica. Fue en la primavera de una Buenos Aires de 1914, cuando ya había estallado la gran guerra, Carlos Gardel aún no había grabado su primer tango, lo haría en 1917.

En los diarios de Buenos Aires se leyó en un recuadro, que PÍO X, había dado su veredicto, el Tango, era una danza moral, a la que no se podía hacer objeciones. Cuentan que el Papa, felicitó a El Vasquito Ain, y su mujer, mientras los tacos de la dama, rasgaban la santa alfombra del Palacio. Así los porteños continuaron bailando esa danza arrabalera, que posteriormente entraría a las fiestas finoli de la ciudad.

«Cada tango es un episodio dramático y sentimental que suele terminar en un sollozo…». J.L Borges le gustaba el tango antes de 1917, el tango más arrabalero y menos sentimental, previo al tango cantado.