E.S Discépolo: La Poesía Cruel. -1-

“Lo que hace falta es empacar mucha moneda,/ vender el alma, rifar el corazón,/ tirar la poca decencia que te queda…/Plata, plata, plata y plata otra vez.. Así es posible que morfés todos los días, tengas, amigo, casa y nombre” (E. S. Discépolo. Que Vachaché, 1926).

1. Su Educación fue el Teatro.

 

                                           CONOCIÓ EL DESAMPARO DESDE MUY CHICO. ANTES DE LA FIESTA DEL PRIMER CENTENARIO ARGENTINO.

Tenía tan sólo nueve años y había fallecido su padre u madre.

                                    Era hijo del músico Santos Discépolo, y su madre Luisa Deluchi actriz teatral de profesión. Su hermano mayor Armando, estudiaba violoncelo y resultó apasionado por el teatro. Tal es así, que resultó uno de los forjadores del teatro criollo. En la casa de los Discépolo sobraba cultura y faltaba el mango. Enrique Santos nació en una casa humilde del barrio de once, en marzo de 1901. Luego del cimbronazo familiar de 1909, y fiel a la tradición italiana su hermano mayor Armando, se hizo cargo, y se lo llevó a vivir junto con su esposa.

Benito Quinquela Martin, porteño nacido en 1890. Pintor del barrio de su infancia, La Boca. Aquí los trabajadores portuarios como protagonistas.

Quinquela

                          Enrique es sensible, “se hace la rata” de la escuela y lee obras de teatro que compra barato en una librería de usado. La plata no sobra, por lo tanto vuelve caminando una veintena de cuadras hasta su casa. Fue una mañana de primavera de 1910, que Armando lo encuentra a Enrique en guardapolvo, saliendo de una librería en Balvanera. Enrique se quedó blanco y mudo, Armando lo cacheteó, pero entendió que la educación de su hermano iba por otro lado. Con 14 años Enrique debuta en el grupo teatral dirigido por Armando. Impresiona su histrionismo y su desfachatez arriba de las tablas.

2. La Razón la tiene el de más guita.

 

                                     Dejó la escuela, pateaba la calle, y se hacía de la filosofía de muchachotes antisistema, influenciados por el surrealismo europeo y la pintura. Bebe de los postulados del anarquismo y la izquierda. Conoce al oriental Fangio Eve y el gran Quinquela Martin. Y finalmente llega a la música, de oído y con ayuda de un compositor da a la luz el primer tango para una obra teatral de su hermano.

Marcelo Torcuato de Alvear. Nieto de Carlos María de Alvear. Era el hombre más rico de la Argentina, cuando en 1922 fue elegido Presidente de la Nación.

Alvear

                                          Es durante el gobierno de “los galeritas” de Marcelo T. de Alvear; el sector más aristocrático de la Unión Cívica Radical, que registra su primer tango. Un tango cínico y despiadado, ¿Que Vachaché?. La Argentina disfruta de las mieses del campo, con un alto precio de los comoditties, el modelo agroexportador en auge. Y la clase dominante Argentina se da la gran vida, a los nenes bien se les acercan las chicas, andan en su autos Ford; veranean en Europa, o caminan por la Bristol, La rambla marplatense construida con estilo parisino.  El tango es genial, es una mujer que le habla a él, que quiere esgrimir sus verdades y principios de vida pero no tiene un peso. Y le dice la mina- si me permite lector el lunfardismo:

“Ya me tenes bien requeteamurada/ No puedo más pasarla sin comida/ ni oírte decir tanta pavada./ ¿No te dás cuenta que sos un engrupido?.

El Tango, “es un pensamiento triste que se baila”. Habría dicho el gran letrista y compositor Enrique Santos Discépolo.

Tango

                                          Digamos, de que te la das, si mientras te hacés el principista no podés traer un plato de comida. En un momento la mujer que pasa hambruna junto a él, lo interpela, ¿Pero no ves gilito embanderado,/que la razón la tiene el de más guita?. Es cruel, y una verdad que incomoda, no me importa que seas honesto, con todas tus razones. las razones están del lado de aquel que viaja en un buen auto, come de primera, es exitoso. Vos tendrá mil razones escondidas en tus libros, pero sos un fracasado. Y finalmente un gran verso- pensemos que letrista, es su primer tango-;

¡Que no hay ninguna verdad que se resista/ frente a dos pesos moneda nacional!

                                        Te cambio todas tus verdades por dos pesos moneda nacional, tal vez por cien, por mil. Eso irónicamente grita el tango escrito por Discépolo en 1926. Sí, algo que parece actual, la sociedad del consumo y del éxito, del vale todo, y el ganar como sea, la presenta ante nuestros ojos.

                                         Y aquí empieza el dilema existencial, que atraviesa nuestros días, ¿vale ser honesto y yugar el día a día, de manera anodina?. O vale hacer plata, aunque sea estafando, porque la sociedad al primero lo ignoro, mientras que al estafador, por dinero y status, será tratado como gran señor.

                                                         Continuará…

Fuentes:

-Discépolo. E. S. ¿A mí me la vas a Contar?. Ed. Terramar. Bs.As. 2009.

-Luna. F. Historia Integral de la Argentina 9. Conservadores y Peronistas. Ed. Booket. Bs.As. 2010.

 

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