DESENCUENTRO: PERONISMO, ALFONSÍN y CORTÁZAR.

«En el mayo francés del 68. Se le vió entonces, en esos días tumultuosos, en las barricadas de París, repartiendo hojas volanderas de su invención, y confundido con los estudiantes que querían llevar «la imaginación al poder». Tenía cincuenta y cuatro años. Los dieciseis años que le faltaban vivir sería el escritor comprometido con el socialismo…» (Prólogo de Mario Vargas Llosa, Cuentos I de J. Cortázar).

Propaganda de Raúl Alfonsín, candidato de la UCR. Y Presidente (1983-1989). Junto a la lucha de organizaciones sociales, políticas y sindicales, forjaron la democracia moderna, hace 35 años.

Retornó al país en 1973 luego de dos décadas de exilio. Entre 1951 y 1982, escribió cuatro novelas y una docena de libros de cuentos. La Revolución Cubana, decía, «me hizo pensar que había un otro», y desde su soledad parisina, comenzó a jugarse por los proyectos colectivos. Y es así que vislumbró en aquellos años, de efervescencia juvenil, de fin del onganiato, que tal vez la izquierda peronista , pudiera construir aquel sueño de una patria más justa. Se avecinaba el triunfo de Cámpora- Solano Lima, por el FREJULI, tras el retorno en 1972 del general J. D. Perón. Y ahí, andaba en las madrugadas porteñas, discutiendo junto a Rodolfo Walsh, y a Francisco «Paco» Urondo. Su idea era regresar en Septiembre. El hombre nacido en Bruselas, en el año de la primera guerra. Vivió en Banfield, trabajó como docente de escuela normal en Chivilcoy, y en Mendoza, Universidad de Cuyo. Traductor de Edgar Alan Poe, admirador de Jazz, en la Argentina que gritaba «Perón/ Evita/ La Patria Socialista».

Héctor, «el Tío» Cámpora, y Juan Domingo Perón. Cortázar no se consideraba antiperonista, desconfiaba de Perón, y del ala derecha del movimiento.

Julio Florencio Cortázar abandonó el país, aún entusiasmado, recelaba de la derecha peronista, y no era para menos, la masacre de ezeiza, la triple AAA, y el lopezreguismo, lo hicieron desistir de su idea de volver, y quedarse por un tiempo prolongado.

Prontamente, los sueños y la vida de muchos jóvenes se ahogaron, en un mar hondo y siniestro. Un mar de muerte lo cubrió todo desde el 24 de marzo de 1976. La apertura democrática de 1983, el Movimiento de Renovación y Cambio, y la figura de Raúl Ricardo Alfonsín, le pareció un paso esperanzador. Retornó unos días a Buenos Aires, y le dolió la indiferencia del gobierno radical. Del apoyo a la UCR, sospechaba de la ciclotimia de la clase media.
  «Tengo la impresión de que al pueblo argentino se le ofrece una oportunidad única, después de las elecciones, de empezar un camino de ascenso, de salir del pozo».  

Declaró en una nota, a un jóven Martín Caparrós, por aquellos días. El Teatro Abierto, multitudinario lo aplaudió de pie. Frente a la frialdad del poder ejecutivo nacional. Le hubiese gustado encontrarse con Alfonsín, con el presidente que reinaguraba la etapa democrática, en un país que sobraban años, de botas y uniformes verdeolivas.

Tapa del Diario Clarín, del 13 de Febrero de 1984. Esperanza de vida democrática. Primavera alfonsinista, comienzo del derrumbe soviético, y la muerte de uno de las mejores plumas argentina.

«Mandale un abrazo, ojalá todo le salga bien», le dijo al dirigente radical Hipólito Solari Yrigoyen. Y partió para no volver.

Un 12 de febrero de 1984, se apagó la vida de Julio Cortázar, cuando tomó conciencia social, adhirió a la Revolución Cubana, al movimiento de Salvador Allende, a la Revolución Nicaragüense, a la izquierda francesa, y vivió con cariño la victoria de Alfonsín. Nadie de la Casa Rosada, lo llamó para tomar un café con él. Se fue con cierto dolor. En su pieza parisina, había un ramo de flores de las Madres de Plaza de Mayo, una maquina de escribir, unos papeles, y la Poesía Completa de Rubén Darío. No tuvo hijos, su herencia al mundo son sus libros, y el compromiso por un mundo más humano.