Cuento Uno: Los Ladrones

«No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió». (Con la frente marchita. Sabina, Joaquín).

«Una noche de verano que diluviaba se encerraron en la pieza de la pensión y, después de mostrarle la colección de figuritas de animales que Tomaso juntaba cuidadosamente desde los diez años, se apretaron entre las cobijas con una fuerza rara, maquinal…». (Ronsino, Los Ladrones).

Es un relato que podría filmarse como corto, es muy visual. Me imagino a la Blanca Lovuolo, Sergio, -su hermano-, y Pitu, el hijo, en el auto. Afuera llueve torrencialmente, y adentro, digo dentro de cada uno de los personajes, una voz de la conciencia los debe devorar, porque están por convertirse en ladrones. Claro, hay 600.000 “bichos verdes” guardados metódicamente . Asustado también está Tomaso, aferrado a la cama, como a una balsa de madera, como náufrago. Al final es un náufrago de la vida, sin mujer, no se animó a jugarse por ese amor de juventud, por Greta la alemana.  Jubilado, y dejando pasar sus días. Se le inunda el garage y él con los ojos abiertos y tan asustado como los Lovuolo, que están fuera de la casa, y los pensamos con la adrenalina, de entrar y que pase lo que pase. Aunque mejor comencemos por el principio.

I- Amor de Juventud. 

«Ahora que está jubilado del banco, Tomaso piensa, en las noches de insomnio, cómo hubiera sido su vida si hacía algunas cosas que no hizo».

Así comienza este cuento de Hernan Ronsino, dejando claro lo que no hizo de su vida, Tomaso. Evocando el final del secundario, el dejar a su familia e irse a estudiar a La Plata, a aquella pensión que comparte con un hombre mayor, borracho, olorosos, y que no lo deja dormir por sus ronquidos. Deambulando en la noche conoce a Greta Larken, una chica alemana que practica hipismo. Se gustan; y van al cine, a las pizzerías de calle 7, a tomar a los bares, en fin, a divertirse. Hasta que una noche de lluvia furiosa terminan juntos bajo las sábanas en la aquella pensión de mala muerte. Y comienza una relación fogosa entre ellos.

Hernan Ronsino, nacido en Chivilcoy, 1975. Publicó una trilogía, que comienza por con una novela, marcada por la violencia, La Descomposición, 2007.

II- El Naufragio.

«¿Qué cosa le llamaba la atención a una alemana de Tomaso? Su silencio. Tomaso decía las palabras justas. Y eso a Greta la equilibraba, le despertaba una excitación fuera de lo normal. «

Una obsesión, un mecanismo de defensa para no comprometerse, algo, lo aleja a Tomaso de Greta. Tal vez, verla practicar hipismo cuenta Ronsino, el sentirse como un animalito que la alemana cabalga. Después sin ruptura empieza un distanciamiento, y Tomaso consigue trabajo en un banco, y Greta parte a Alemania. Y ahí se manifiesta lo inconcluso, el naufragio de nuestro protagonista. Abandona la ciudad de La Plata, vuelve con sus padres, y se hace un meticuloso y anodino empleado bancario. Olvida el bosque platense, la pensión, a Greta, y a sus ambiciones de ser un profesional. Además, sus padres fallecen ambos, en un accidente automovilístico.

Esto lo evoca Tomaso, el jubilado, ya bordeando los 70, cuando conoce a Blanca, «la gorda» según la gente del pueblo. la hermana de Sergio, un hombre que entro al banco a hacer mantenimiento gracias a nuestro protagonista. «siempre hay un roto para un descosido» dice el barrio cuando se enteran del amor del viejo Tomaso, y la gorda Lovuolo. Sergio le advierte a Blanca de la relación, que «es un tipo raro», que duda de alguien que vivió tanto tiempo solo. Y es en ese compartir en la cama, que Tomaso le cuenta lo extraño, «Tomaso, en cambio, cuenta algo que no está muy seguro de contar pero si tomó la decisión más importante de su vida, convivir con una mujer, tiene que contarlo y espera que Blanca lo entienda. Dice que, además de su colección de figuritas de animales que junta cuidadosamente desde niño, durante casi veintiocho años, en sus visitas a la ribera, fue cazando sapos, al menos, uno por día. Y los fue guardando en un lugar especial que preparó, allá, en el fondo, abajo del galponcito de las herramientas. «.

Un Gordini Rojo, el auto que Tomaso usa para alcanzar a Blanca, la «gorda» del pueblo. A los besos terminarán subiendo intempestivamente a una vereda.

III- Desenlace.

A Blanca le parece raro, y asqueroso eso de guardar sapos durante tanto tiempo. Sergio saca conclusiones, con su hijo Pitu. «Viejo miserable» dice el pibe, y el padre comprende, puede comprender esto de los «bichos verdes», y lo «miserable». Une los términos, logra una verdadera revelación. Hace la cuenta, Tomaso guardó un dólar por día que se afanó del banco durante casi 30 años. Tiene una fortuna escondida en ese galpón.

Los Lavuolo desaparecieron por varios días, pero ahí están otra vez en escena, y una vez llueve. Y comienza a inundarse el gararje. Y afuera están en el auto con la ansiedad de entrar y llevarse los «bichos verdes». Adentro con lo ojos abiertos y recordando a Greta, está Tomaso. El debería haber viajado a Alemania, cuando le llego esa carta de ella en Ulm, exitosa en su trabajo, hermosa como siempre y sola. Un pasaje, y 500 marcos, y una belleza alemana al borde del Danubio. Pero no fue, quema la carta en el baño. Y ahí está Tomaso, 30 años después, sólo y aferrado a una cama, escuchando las gotas que caen en el garage con fuerza. Fuerza que el no tuvo para jugarse por la chica de Ulm.

El cuento se te queda mirando, ¿que sucedió?. ¿Asaltaron la casa y mataron al dueño?, Tomaso, será un viejo de 70, un raro, un fracasado, pero no va a dejar que esa gorda, que teme viajar en avión y que la bajen porque no entra en el asiento, y su hermano se lleven así, como quien entra al almacén las seiscientas lucas, que el robó minuciosamente.¿y , si se tomaron el riesgo de entrar y encuentran sapos en vez de dólares?. El final es la magia de la imaginación, es la literatura, misma.

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