CARNAVALES EN LA BUENOS AIRES ROSISTA

«Sobre el pellejo del bombo la sangre retumba»

Bersuit Vergarabat. A los Tambores.

Tras la declaración de la libertad de vientres en la ASAMBLEA del AÑO XIII, muchos Afro, pisaban el suelo de las Provincias Unidas, ya que eran libres. Muchos afrodescendientes pelearon en las guerras de la Independencia, y murieron, mermando la cantidad de negros en el Río de la Plata. Aunque hacia 1810 representaban el 30% de la población, que no era un porcentaje menor.

Los capitales ingleses se introdujeron a partir de la segunda mitad de la década del 20′ del siglo XIX. «El British Packet and Argentine news» se vendía en Londres, y existía una versión en castellano en la ciudad. En su versión londinense llegaban crónicas de Buenos Aires. Los carnavales en tiempos de Juan Manuel de Rosas, fueron la festividad por excelencia de los negros que vivían en la ciudad. La negritud ocupó el espacio público mirada con recelo por los sectores pudientes de Buenos Aires, por los denominados «vecinos» de la ciudad. En una de las ediciones de Marzo de 1849, durante el segundo gobierno del restaurador de las leyes se publicaba en The British:


“Si Byron hubiera visto un carnaval en Buenos Aires, en su musa, sin duda, se habría inclinado a denunciar su grosería”.  Además de criticar «el desorden que ocasiona en la ciudad la gente en plena calle, –y agregaba- el gasto innecesario de agua». Finalizaba su artículo sugiriendo la prohibición del  festejo de carnaval en las calles porteñas.

JUAN MANUEL DE ROSAS. GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

En aquellos años los actuales San Telmo, Monserrat y Balvanera, eran denominados los barrios del tambor. Las distintas sociedades africanas tocaban elementos de percusión y bailaban. Entonaban canciones en sus dialectos, y así la negrada espantaba a los «buenos vecinos» de la ciudad que se encerraban en sus quintas, viviendo un carnaval con glamour. Esta costumbre se acentuó a partir de 1840. La aristocracia veía a los negros con cierto desdén y con reparos morales, el baile desenvuelto y provocativo de las morenas al son del candombe, era tema de los sectores «blancos».

La Bersuit y el ritmo percusivo afro, de alguna manera un homenaje a los afrodescendientes que trajeron los tambores al Río de la Plata.

Angola, Congo, Nagó,  Agunda, Mozambique, Marangó, Brasileira y Mucumbí, eran los nombres de las colectividades afro en Buenos Aires. Mulatos, zambos, pardos eran distintas formas de nombrar a los afros que pisaban el suelo de las Provincias Unidas. Que por supuesto estaban en desventaja civil, y jurídica con respecto a los blancos. Recordamos El ritual consistía en que, el baile comenzara por el adulto mayor, iba descendiendo en edad a los menores de la comunidad.

En 1838, el restaurador de las leyes, a quien las comunidades de negros solían llamarlo «nuestro padre Rosas», permitió que festejaran en la vía pública. Años anteriores, la celebración se daba en lugares cerrados, locales llamados tangó, aunque en la calle solía decirse a viva voz la palabra tango.

La novedad se produjo cuando, la colectividad ocupó la Plaza de la Victoria, cuestión que suscitó una fuerte crítica en los opositores, tanto de locales como los exiliados en Montevideo. La ratificación de la libertad de vientres, y de la abolición de la esclavitud, en la década del 30 logró la adhesión de la colectividad a Don Juan Manuel. Es decir que el carnaval portaba además una connotación política. Y también social, en la ciudad las clases altas eran blancas y con fuerte impronta europea, en costumbres. Por lo tanto los negros representaban la barbarie. Así, los tambores sonaban, al ritmo de la divisa rojo punzó.

 

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