BARTOLOMÉ DE LAS CASAS. El crítico de la conquista

El que pensó en hacerse rico

Terminada la etapa de exploración, y los viajes de Colón*, que murió pobre con una Corona Española que no cumplió económicamente con lo firmado- así puede conocerse al revisar las cartas a Fernando II de Aragón, acerca de las deudas de los reyes católicos-, comenzó el período de la llegada de los Adelantados y de explotación de las Indias.

Bartolomé de Las Casas, nacido en Sevilla, hijo de un modesto mercader, siendo niño conoció a los reyes Católicos y al propio Cristóbal Colón. En 1506 recibió las sagradas órdenes, y un año después viajó a la isla, La Española, al nuevo mundo.

Pisó tierras americanas con una ambición hacerse rico, y como encomendero. Le encomendaron indios para que trabajen para él, como salían hacer los españoles. La ambición desmedida en el siglo XVI, más que la evangelización lograron extraer toneladas de plata de las minas de Potosí. La corona había fomentado el asentamiento de agricultores en la isla con el objeto de asegurar el mantenimiento de la corona, sin embargo según las palabras de Las Casas, “No hemos venido a América a arar y a cavar”, le contestó un colono indisciplinado.

La conversión del sacerdote

Una tarde de 1511 Bartolomè de Las Casas tuvo la oportunidad de escuchar el sermón de adviento de el cura dominico Antonio de Montesinos. En la iglesia cubierta de paja de Santo Domingo, allí en su sensacional prédica el cura decía,

“Que cuidados teneis de quien los doctrine, y conozcan a su dios y criador, sean bautizados, oigan, misa, guarden las fiestas y domingos?”(4).
 Montesinos no dejaba de llamarlos pecadores y mandó a todos los encomenderos al infierno. Montesinos los condenó al fuego eterno por torturar y asesinar a los indígenas. Aquella tarde sucedieron dos cosas, los encomenderos que escucharon al domenico Montesinos pidieron su expulsión de América. Las Casas quedó conmovido y luego de reflexionar en soledad se convirtió. Liberó a los indígenas que trabajaban a su cargo y comenzó a denunciar el maltrato español contra los nativos.

Fue el cacique Hatuey en la isla de Cuba, que emprendió la guerra por el maltrato español, luego de defenderse con su tribu, lo captaron. Las Casas discutía con los españoles que lo apresaron. Antes que lo asesinaran Hatuey le preguntó a los españoles, si los cristianos iban al cielo, al responder estos afirmativamente. El cacique les dijo que prefería ir al infierno con tal de no encontrarse con ellos.

En la península del Yucatán los cristianos asentados en el 1526, realizaban todo tipo de tropelías, así las cuenta Las Casas: “Los cristianos echaban perros feroces a todos aquellos que se resistieran, incluyendo mujeres y niños…Además a un indio que no deseaba abandonar su tierra le cortaron las orejas y la nariz, y luego lo sometieron a tormentos”. Culmina contando que se cometieron tantas atrocidades que cuatro religiosos de la orden de San Francisco, fueron a aquel reino a apaciguar y a predicar a Jesucristo, por las matanzas tiránicas e infernales que dichos españoles habían realizado en siete años.

¿Encuentro de dos mundos? ¿O una civilización sometió a otra?

El Defensor de los indios

El sacerdote tuvo un afamada discusión en 1550 y 1551 con Francisco de Vitoria en la Universidad de Valladolid, acerca de la naturaleza de los indígenas, es decir si eran hombres y tenían alma, y de la guerra justa a los nativos. En uno de los tantos debates dice;

“Menor razón hay para que los defectos y costumbres incultas, y no moderadas que en estas nuestras indianas gentes hallaremos nos maravillen, y por ellas las menospreciemos, pues no solamente muchas y aún todas las repúblicas fueron muy más perversas, irracionales y en prabidad más estragadas, y en muchas virtudes y bienes morales, muy menos morigeradas y ordenadas». (Dice el sacerdote hay repúblicas que fueron, más perversas e irracionales, y con menos virtudes, y valores morales que la incultura de nuestras indias).

«Pero nosotros mismos, en nuestros antecesores, fuimos muy peores, así en la irracionalidad y confusa polítca, como en vicios y costumbres brutales, por toda la redondez de nuestra España»

Los textos y denuncias que envió desde América a la metrópoli, a la Corona Española, no fueron leídos ni contestados por Felipe II, se ganó el odio de algunos pares, y de encomenderos. Las denuncias del fraile, hicieron un poco más digna, y menos brutal la actuación de los españoles, que no descubrieron América, la conquistaron.

*En una de las biografías de Cristóbal Colón, se dice, «El resto de la carta está dedicado en su mayor parte, a reiterar la reclamación de Cólón del cumplimiento de las supuestas promesas económicas a sus patronos» (es decir a los los reyes católicos). Colón. Fernández Armesto F. 1992. Pág. 257. Ed. Crítica. Barcelona

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