Armando Discépolo: Teatro Porteño.

 

Una Hora entre Criados. Ese era el subtítulo de la obra de Armando Discépolo, el hermano mayor de Enrique. Un drama en tres actos,de este grotesco criollo, que vale la pena conocer. Inmigrantes, patrones y un argentino avivado en el arte de las relaciones personales. 

 

1. Criollismo en las tablas.

Teatro Nacional

             A fines del siglo XIX, las obras se entregaban a compañías españolas teatrales en Buenos Aires.

               En el 90´ la madre patria ofrecía el zarzuelismo como parte del denominado “género chico español”. Y este deriva en el grotesco, el conocido sainete, que se representaba en las tablas porteñas.

                                          Sin embargo un circo será escuela y semillero de una nueva generación de artistas, de escasa cultura pero muy aptos para la actuación, el circo de los hermanos Podestá. El año 1884, en la calle Cevallos entre las de Moreno y Belgrano funcionaba el Circo Norteamericano Humberto I, en el cual actuaban los hermanos Podestá. Al final de cada función se representaban pantomimas o sainetes grotescos con situaciones cómicas y chistes picantes. La actuación estelar era la de Pepino 88, un payaso representado por Juan José Podestá.

                                             Así podemos argumentar que el Teatro Argentino nació el 2 de junio de 1884, con la representación del mimodrama Juan Moreira, adaptado por su mismo autor Eduardo Gutiérrez.. En el Teatro Politeama, los hermanos Carlo querían realizar una función, que ofreciera un espectáculo  de contenido criollo, nativo y popular. La gauchesca ocupó el centro de las representaciones, con un público, que añoraba el pasado, y buscaba aquel gaucho ya perimido, por el proceso de organización nacional liderado por Bartolomé Mitre y el grupo de políticos-intelectuales conocidos como la generación del 80´.

                                            Aunque tras este inicio de aire rural, en el que florecieron autores como Martiniano Leguizamón, Martín Coronado, y el oriental Florencio Sánchez. El teatro comenzó a representar la problemática urbana.

Y hacia allí vamos…

 

 

 

 

2. De sangre napolitana.

Armando Discepolo

                                                   Nació allá lejos y hace tiempo, tanto hace que Sherlock Holmes, salía a la calle, el detective realizaba su primera investigación, Estudio en Escarlata, (1887). Hijo de un napolitano, y hermano mayor de uno de los más grandes compositores, y letrista de tango de estas tierras, Enrique Santos Discépolo.

                                               El hermano mayor de Enrique, era un tipo sensible escribía teatro desde los 15 años y estudiaba violoncelo. En un gran gesto, se casó, y llevó a su hermano a vivir con él. Entre 1906 y 1909 había muerto primero el padre, y luego la madre dejando a un nene de 9 años huérfano. Se enojaba, el mayor cuando el menor con 12 se escapaba de la escuela para leer en las plazas o entrar en los cafés con anuencia de algún mayor. Claro, gracias a no entrar a clase, se estaba gestando Discepolín.

                                                 Armando Discépolo a los 23 años tentó a José Podestá, quien llevó a escena su primera obra, Entre el Hierro, corría el año del primer centenario argentino. Lejos de La Fiesta de Todos, así tituló los días de festejo el diario La Nación, Armando Discépolo mostraba el lado oscuro del progreso. Unos pocos gozaban de la mieles de la Argentina, y los sacrificios los hacían los otros, el “otro”, para la clase refinada y culta era el extranjero, tal vez como en la actualidad. Buenos Aires era una Babilonia americana, podían cruzarse judíos, genoveses, napolitanos, y porteños, otorgando a la ciudad una característica particular.

El escritor Roberto Arlt, en una de sus crónicas urbanas en el Diario El Mundo escribe sobre Corrientes y Talcahuano.

Han transformado las calles, les han dado una vida ficticia, una vida oriental.(…). Entoldados, trajes que aguardan un comprador, viejas mercando pepinos en las puertas, chicos desgreñados que se insultan en una jerigonza infernal, viejos leyendo el Talmud o la Torá, mientras los piojos le hacen cabriolas en las barbas…” [1]

 

Un tercio de la población del país son inmigrantes, que deben ganarse el pan como pueden. La problemática es que sobran brazos de trabajo en la ciudad, por lo tanto la competencia será despiadada. Veremos la lucha cruel de los de abajo en la Argentina opulenta.

                                                                                                               Continuará…

Fuentes y Cita:

Arlt. R. Nuevas Aguafuertes. Ed. Losada. Buenos Aires. 2005.

Casadevall. D. El Teatro Nacional. Ed. Ediciones Culturales Argentinas. Buenos Aires. 1961.

Discépolo, A. Babilonia. Ed. Galerna Clásicos G. Buenos Aires. 2007.

[1]  Arlt. R. Nuevas Aguafuertes. Comerciantes de Libertad, Cerrito y Talcahuano. Pág. 13.

 

 

 

 

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