9 DE JULIO DE 1816: BORGES y LAPRIDA.

 

                                Eran parientes lejanos aunque Jorge Luis Borges, nunca explicó porqué. Por ahí andaba Francisco Narciso Laprida, sanjuanino, nacido poquito antes que los franceses agitaran el mundo con su revolución;1786. Estudió en el antiguo Nacional Buenos Aires (Colegio San Carlos), y se recibió en Leyes, en Chile, en el año de otra Revolución, esta vez la del sur, la nuestra, de Mayo de 1810. J.L. Borges tenía parientes vinculados a la historia argentina. Su abuelo era el coronel Francisco Borges, sublevado y muerto en 1874. Coronel de Nicolás Avellaneda, pero que se levantó en su contra a favor de Bartolomé Mitre. Pero esa es otra historia. Ahora anda Borges intentando rescatar a Laprida. Y en eso que sabía hacer bien escribe, “Yo, que estudié las leyes y los cánones, / yo Francisco Narciso de Laprida, / cuya voz declaró la independencia / de estas crueles provincias..(…) 

                                            Es que el sanjuanino fue Presidente del Congreso Constituyente de Tucumán, aquel que declaró nuestra independencia. Borges, criticado por el nacionalismo, como extranjerizante y hasta cipayo llevaba en su sangre la historia del país. Hasta involuntariamente tenía que ver como pariente lejano con aquella declaración de la Independencia. Libertad, Libertad, Libertad, gritaban las Provincias Unidas del Sur, en la casa de Francisca Laguna, a las 14 hs, aproximadamente. Pero el hombre de leyes, va a morir en un enfrentamiento años después. “Zumban las balas en la tarde última. Hay vientos y hay cenizas en el viento, se dispersan el día y la batalla deforme, y la victoria es de los otros. Vencen los bárbaros, los gauchos vencen(..) Laprida muere a mano de los montoneros de Aldao. Muere un civilizado en el territorio de la barbarie. Y Borges lo conjetura, lo supone recrea la situación en el Poema Conjetural. “A cielo abierto yaceré entre ciénagas; pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. Al fin me encuentro con mi destino sudamericano”. Ese hombre erudito, el abogado que a viva voz recita la independencia muere en el barro de la pampa húmeda en una muerte bien gaucha, a caballo, y a cuchillo. Para Borges, ese es el destino, aún para las letras. Y es un honor. Un destino sudamericano. Como el grito de aquel 9 de Julio de 1816.

Borges, su propia voz recitando el Poema Conjetural.