1° DE MAYO DE 1981

 

                                                 La Dictadura Argentina tuvo en 7 años, 5 presidentes 5 Ministros de Economía. Jorge Videla, Rodolfo Viola, Carlos Lacoste, Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone fueron los responsables de: construir 340 centros clandestinos de detención, y a la vez generar una política económica que provoque el cierre de casi 30.000 fábricas. Sextuplicar la deuda externa, condicionando a miles de Argentinos y a las próximas autoridades democráticas. De la desaparición de 30.000 compañeros, violados en su humanidad y dignidad. Ese proyecto represivo, y económico gestó una inflación galopante, salarios a la baja, y especulación financiera. Con sindicatos intervenidos, y la desaparición de los mejores cuadros, los trabajadores quedaron indefensos. sin embargo fue el 1 de Mayo de 1981, cuando sindicatos rosarinos, principalmente la Asociación de Empleados de Comercio, y el Círculo Católico Obrero en las calles; con comunicados se expresaron en contra de un esquema económico que era soportado por los trabajadores. Un 90% de adhesión tuvo aquel 1° de Mayo, Electodor en Rosario, en la Planta Celulosa Argentina de Capitán Bermudez y los Talleres del Ferrocarril Mitre. La violencia institucionalizada no pudo frenar a los trabajadores rosarinos que ganaron las calles, en aquel frío y húmedo 1° de Mayo. Los 50 gremios de Santa Fe, Rosario y alrededores elaboraron un documento llamado “1° de Mayo día de los Trabajadores”, en un tramo se argumentaba;

                                                 “Ni un solo peso de los 18.000 millones de dólares que forman la deuda financiera interna, se han empleado para mejorar nuestras condiciones de vida. Ni un solo dólar de los 28.000 millones que forman la deuda externa se ha invertido en salarios, viviendas, salud o descanso de los trabajadores argentinos. El país que queremos no es el de Martínez de Hoz, es el de Savio y de Mosconi, capaz de extraer petróleo cuando comprobamos carbón de piedra a los ingleses para mover las usinas eléctricas, capaz de levantar altos hornos siderúrgicos cuando todavía se importaban las cucharitas de café, ya que la única filosofía que no se puede cambiar es la que proyecta un país en grande, dueño de sus fuentes de riqueza…”

Mientras el terror se inoculaba en la población, y las fábricas en Córdoba, Buenos Aires y Rosario cerraban, la dictadura emitía una propaganda para justificar su plan desindustrializador.